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Meditaciones guiadas

de World as Lover, World as Self por Joanna Macy
*LA MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE
La mayoría de caminos espirituales comienzan reconociendo la transitoriedad de la vida humana. Los cristianos medioevales lo mostraron en el auto religioso Todohombre. Don Juan, el brujo yaqui, enseñó que el guerrero iluminado camina con la muerte en su hombro. El confrontar y aceptar lo inevitable de nuestra muerte nos libera de nuestros apegos y nos permite vivir con atrevimiento.

Recomiendo encarecidamente visitar esta web: http://www.escuelademeditacion.com

Una meditación inicial en el camino budista involucra la reflexión sobre el hecho doble de que: “la muerte es segura” y “el momento de morir es incierto”. En el mundo actual, la construcción de armas nucleares, sirviendo en cierto sentido de maestro espiritual, hace esa meditación por nosotros, pues nos dice que podemos morir juntos en cualquier momento, sin previo aviso. Cuando permitimos que la realidad de esa posibilidad se haga consciente, causa dolor, pero también nos despierta de una sacudida a la vivacidad de la vida, a su calidad milagrosa, elevando nuestra consciencia de la belleza y unicidad de cada objeto, y de cada ser.

Como práctica ocasional en la vida diaria:


Mira a la persona con quien te encuentras (extraño o amigo) . Ve dándote cuenta de que esta persona vive en un planeta en peligro. Él o ella puede morir en una guerra nuclear, o de los venenos que se esparcen a través de nuestro mundo. Observa esa cara, única, vulnerable … Esos ojos todavía pueden ver; no son huecos vacíos … la piel está todavía intacta … Sé consciente de tu deseo de que esta persona se libre de tal sufrimiento y horror, percibe la fuerza de tu deseo … sigue respirando … También permite que surja en ti la idea de que ésta pueda ser la persona con quien estés cuando mueras … esa cara la última que veas … esa mano la última que toques … la que podría acercarse para ayudar, consolar, dar agua … Ábrete a los sentimientos hacia esta persona que afloran en tu consciencia ante esta posibilidad … Ábrete a los niveles del afecto y conexión que se revelan en ti.


* LA MEDITACIÓN SOBRE EL AMOR COMPASIVO


El amor compasivo, o metta, es la primera de las cuatro “Moradas del Buda”, también conocidas como los Brahmaviharas. La meditación para despertar y sustentar el amor compasivo es un elemento básico del Movimiento Sarvodaya Shramadana para el desarrollo comunal en Sri Lanka, y se le destina minutos de silencio al principio de cada reunión. Los organizadores y los trabajadores del pueblo encuentran que es útil para adquirir una motivación hacia el servicio y para vencer sentimientos de hostilidad o la falta de adecuación en ellos y con los demás.

            Recibí por primera vez las instrucciones sobre esta meditación de una monja en la tradición budista tibetana. Aquí está una versión que he adaptado para su uso en occidente.


Cierra tus ojos y comienza a relajarte, exhalando para liberar tensión. Ahora enfócate en el flujo normal de la respiración, soltando todos los pensamientos extraños mientras observas pasivamente el inhalar y el exhalar

……

Ahora trae a tu mente a alguien que ames con mucho cariño … en tu imaginación ve la cara de esa persona amada … pronuncia silenciosamente su nombre … Siente tu amor por este ser, como una corriente de energía que viene de tu interior … Ahora permítete sentir cuánto quieres que esta persona esté libre de miedo, cuán intensamente deseas que esta persona pueda soltarse de apegos y enemistades, de la confusión y el dolor y de las causas del sufrimiento … Este deseo, con toda su sinceridad y fortaleza, es metta, el gran amor compasivo

……

Continua sintiendo ese flujo cálido de energía que viene de tu corazón, contempla con tu imaginación a aquellos con quienes compartes la vida diaria, miembros de la familia, amigos cercanos y colegas, la gente con quienes vives y trabajas … Haz que aparezcan en un círculo alrededor tuyo. Contémplalos uno por uno, pronunciando silenciosamente sus nombres … y dirige hacia cada uno de ellos la misma corriente de amor compasivo … Entre estos seres pueden estar algunos con quienes estás incómodo, en conflicto o con tensión. Con ellos especialmente, experimenta tu deseo de que cada uno se libere del miedo, se libere del odio, se libere de la ambición e ignorancia y de las causas de sufrimiento

……

Ahora permite que aparezcan, en círculos concéntricos mayores tus amigos y conocidos … Deja que el haz de amor compasivo los toque también a ellos, deteniéndote en las caras que aparecen al azar en tu imaginación. Con ellos también, experimenta el deseo que tienes de que se liberen de apegos, miedo, odio y confusión, cuánto quieres que todos estos seres sean felices

……

Más allá de ellos, en círculos concéntricos aún mayores, aparecen todos los seres con quienes compartes este tiempo planetario. Aunque no te hayas encontrado con ellos, sus vidas están interconectadas en formas que van más allá del conocimiento. Dirige también a estos seres, la misma corriente poderosa de amor compasivo. Experimenta tu deseo e intención de que cada uno se despierte del miedo y el odio, del apego y la confusión … que todos los seres sean liberados del sufrimiento

……

Igual que en la meditación budista antigua, dirigimos ahora el amor compasivo a todos los “fantasmas hambrientos”, los espíritus inconsolables que vagan en el sufrir, todavía presos del miedo y la confusión. Que encuentren descanso … que puedan descansar en el gran amor compasivo y en la profunda paz que éste trae

……

Con el poder de nuestra imaginación vayamos ahora más allá de nuestro planeta, hacia el universo, a otros sistemas solares, otras galaxias, otros campos búdicos. La corriente de amor compasivo no es afectada por la distancia física, y la dirigimos ahora, como apuntando un rayo de luz, hacia todos los centros de vida consciente … Y a todos los seres con sensaciones, de todas partes, les dirigimos nuestro deseo sincero de que ellos, también, se liberen del miedo y la ambición, del odio y la confusión y de las causas del sufrimiento … Que todos los seres sean felices

……

Ahora, como desde allá lejos en las distancias interestelares, volteamos y contemplamos a nuestro propio planeta, nuestra propia casa … Lo vemos suspendido en la negrura del espacio, esta joya de planeta azul y blanco girando bajo la luz de su sol … Vamos lentamente hacia él, quedando cada vez más cerca, más cerca, regresando a esta parte de él; esta región, este lugar … Y a medida que llegas a este lugar, permítete ver al ser que mejor conoces … a la persona que te ha tocado ser en esta vida … Conoces a esta persona mejor que cualquier otra, conoces sus dolores y sus esperanzas, conoces su necesidad de amor, sabes cuánto se esfuerza … Deja que la cara de este ser, tu propia cara, se aparezca ante ti … Pronuncia el nombre con que eres llamado con amor … Y experimenta, con esa misma corriente energética de amor compasivo, qué tan profundamente deseas que este ser esté libre del miedo, liberado de apego y odio, liberado de la ignorancia y confusión y de las causas del sufrimiento … El gran amor compasivo que te conecta con todos los seres está ahora dirigido a ti mismo … conoce ahora su plenitud.


LA MEDITACIÓN A TRAVÉS DE LA RESPIRACIÓN


Para la mayoría de las tradiciones espirituales, así como también para la visión del mundo de la teoría de sistemas, es básico el reconocer que no somos entes separados, aislados, sino partes integrales y orgánicas de la vasta red de la vida. Como tales, somos como neuronas en una red neuronal, a través del cual fluyen corrientes de consciencia de lo que nos ocurre, en cuanto a especie y en cuanto a planeta. En ese sentido, el dolor que sentimos por nuestro mundo es un testimonio vivo de nuestro interconexión con él. Si negamos este dolor, entonces nos volvemos como neuronas bloqueadas y atrofiadas, despojadas del flujo vital, debilitando así al cuerpo mayor del cual tomamos nuestro ser. Pero si lo dejamos moverse a través nuestro, entonces afirmamos nuestro pertenecer; nuestra consciencia colectiva aumenta. Podemos abrirnos al dolor del mundo con la confianza que no nos puede hacer pedazos ni nos puede aislar, ya que no somos objetos que pueden quebrarse. Somos patrones elásticos dentro de la vasta red del conocimiento.

            Habiendo sido condicionados a vernos como entes separados, competitivos y por lo tanto frágiles, toma práctica volver a aprender este tipo de elasticidad. Una buena forma de comenzar es practicar la simple franqueza, como en el ejercicio de “la respiración a través”, adaptado de una antigua meditación budista para el desarrollo de la compasión.


Cerrando los ojos, enfoca tu atención en la respiración. No trates de respirar en alguna forma especial, despacio o largo. Simplemente observa como ocurre la respiración hacia adentro y hacia afuera. Nota las sensaciones que la acompañan en las fosas nasales o en el labio superior, en el pecho o en el abdomen. Permanece pasivo y alerta, como un gato frente a una cueva de ratón

            ……

            Mientras observas la respiración, notas que ocurre por sí misma, sin tu voluntad, sin tu decisión de inhalar o exhalar cada vez … es como si fueras respirado – respirado por la vida … Igual que todo el mundo en este cuarto, en esta ciudad, en el planeta actual, es respirado, sostenido, en una vasta red respirante de vida.

            ……

            Ahora visualiza tu respiración como un chorro o un listón de aire pasando a través tuyo. Míralo fluir subiendo por la nariz, bajando por la tráquea y yendo hacia tus pulmones. Ahora de tus pulmones pásalo a través de tu corazón. Imagínalo fluir a través de tu corazón y hacia afuera, a través de una abertura, para reconectarse con la gran red de la vida. Deja que el flujo respiratorio, a medida que te atraviesa, se te figure como un lazo que forma parte de esa enorme red, conectándote con ella.

            ……

            Ahora abre tu consciencia al sufrimiento presente en el mundo. Baja todas las defensas y ábrete al conocimiento de ese sufrimiento. Déjalo que venga en forma tan concreta como puedas … imágenes concretas de tus prójimos con dolor y necesidades, con miedo y aislados, en prisiones, en hospitales, en edificios de apartamentos, en campamentos de hambre … no hay necesidad de tensarse por estas imágenes, están presentes en ti en virtud de nuestra interexistencia. Relájate y simplemente déjalas aflorar … las muchas e incontables dificultades de nuestros congéneres, y también de nuestros hermanos y hermanas animales, mientras cruzan a nado los mares y vuelan en el aire de este planeta enfermo … Ahora inhala el dolor, como gránulos oscuros en el chorro de aire, subiendo por la nariz, bajando por la tráquea, los pulmones y el corazón, y saliendo otra vez a la red mundial … no hagas nada con los gránulos por ahora, salvo dejarlos pasar a través de tu corazón.

            ……

            Asegúrate de que la corriente fluya a través tuyo y hacia afuera otra vez; no te agarres del dolor … entrégalo por ahora a los recursos curativos de la gran red vital.

            ……

            Podemos decir junto con Shantideva, el santo budista: “Deja que todas las tristezas maduren en mí”. Les ayudamos a madurar pasándolas a través de nuestros corazones … haciendo un abono bueno y sustancioso a partir de toda esa pena … de manera que podemos aprender de ella, enriqueciendo nuestro conocimiento mayor, colectivo …

            Si no se originan imágenes o sentimientos y hay sólo inexpresividad, gris y entumecida, respírala a través. El propio entumecimiento es una parte muy real de nuestro mundo …

            Y si lo que te aflora no es el dolor ajeno tanto como tu propio sufrimiento, entonces también respíralo a través. Tu propia angustia es una parte integral del dolor de nuestro mundo, y aflora con él

            ……

            Si sientes un dolor en el pecho, una presión en la caja torácica, como si el corazón se quebrara, está bien. Tu corazón no es un objeto que se pueda romper … Pero si ocurriera, dicen entonces que el corazón que se rompe puede contener al universo entero. Tu corazón es así de grande. Confía en él. Sigue respirando.

            ……


Esta meditación dirigida sirve para introducir el proceso de la respiración a través, el cual, una vez que nos familiarizamos con él, se vuelve útil en muchas situaciones de la vida diaria que nos confrontan con información dolorosa. Al respirar a través las malas noticias, en vez de sujetarnos a ellas, podemos hacer que se fortalezca nuestro sentido de pertenencia en la gran red del ser. Nos ayuda a permanecer alerta y abiertos, ya sea leyendo el periódico, recibiendo una crítica, o simplemente estando presentes con una persona que sufre.

            Para los activistas que trabajan por la paz y la justicia, y para aquellos en contacto más directo con los dolores de nuestro tiempo, esta práctica ayuda a evitar el agotamiento. El recordar la naturaleza colectiva, tanto de nuestra problemática como de nuestro poder, nos ofrece una curativa porción de humildad. También nos puede salvar de la soberbia. Porque cuando podemos tomar el dolor de nuestro mundo, aceptándolo como el precio de nuestro afecto, no usamos nuestros actos para castigar a aquellos que están menos involucrados.


LA GRAN BOLA DE MÉRITO


La compasión, que es el dolor por el dolor ajeno, es sólo una cara de la moneda. La otra cara es la alegría en la alegría ajena – lo que en el budismo es llamado mudita. En el mismo grado con que nos permitimos identificarnos con el sufrimiento ajeno, también podemos identificarnos con sus fortalezas. Esto es de suma importancia para lograr un sentimiento de suficiencia y resistencia, porque estos tiempos tan desafiantes requieren de nosotros más entrega, resistencia y valor de los que podemos sacar de nuestra ración personal. Podemos aprender a nutrirnos de las otras neuronas de la red neuronal, y verlas con agradecimiento y alegría, como si fuera “dinero en el banco”.

            Esta práctica es adaptada de la Meditación de Júbilo y Transformación, enseñanza impartida en un texto budista escrito hace dos mil años, al comienzo de la tradición Mahayana. La versión original se puede encontrar en el capítulo sexto del Sutra de la Perfección del Conocimiento en 8000 Versos. Hoy la encuentro muy útil en dos formas. La más cercana a la práctica antigua es ésta:


Relájate y cierre tus ojos. Abre tu consciencia a las personas con las que compartes estos tiempos del planeta … en este pueblo … en este país … y en otras tierras … Observa con tu imaginación esas multitudes … Ahora deja que tu consciencia se abra más todavía, hasta abarcar a todos los seres que alguna vez vivieron … de todas las razas, credos y clases sociales, ricos, pobres, reyes y limosneros, santos y pecadores … mira el vasto paisaje de estos prójimos expandiéndose en la distancia, como cadenas montañosas sucesivas

            ……

            Ahora considera el hecho de que en cada una de estas innumerables vidas, algún acto de mérito fue ejecutado. Por limitada y despojada que haya sido su vida, hubo algún gesto de generosidad, un regalo de amor, un acto de valor o de autosacrificio … en el campo de batalla o en el lugar de trabajo, en el hospital o en el hogar … De todos los seres en estas multitudes interminables surgieron actos de valor, de bondad, de enseñanza y de curación. Permítete ver estos múltiples e inmensurables actos de mérito

            ……

            Ahora imagina que puedes barrer a estos actos de mérito juntándolos … bárrelos hasta hacer un montón frente a ti … usa tus manos … amontónalos … amontónalos en una gran pila y mírala con felicidad y gratitud … Ahora dale golpecitos hasta formar una esfera. Es la Gran Bola de Mérito … ahora sujétela y pésala en tus manos … gózala, con la seguridad de que jamás se pierde ningún acto de bondad. Se queda para siempre y por toda la vida como un recurso disponible … una forma de transformación de la vida … Ahora, con alegría y gratitud, haz girar esta gran bola … voltéala … una y otra vez … para curar así a nuestro mundo


Como nos enseña la ciencia contemporánea y como podemos visualizar en el modelo holográfico de la realidad, nuestras vidas están entrelazadas. En el tapiz fluido del espacio–tiempo, no hay ninguna distinción básica entre yo y el otro. Los actos e intenciones de los demás son como semillas que pueden germinar y fructificar a través de nuestras propias vidas, en la medida que los hacemos conscientes y dedicamos, o “volteamos”, esa conciencia para provecho de nuestro espíritu. Thoreau, Gandhi, Martin Luther King, Dorothy Day, y muchos otros héroes y heroínas anónimos de nuestro tiempo, todos pueden ser parte de nuestra Bola de Mérito, de la cual podemos extraer inspiración y resistencia. Otras tradiciones tienen conceptos similares a éste, como la “nube de testigos” de la que habló San Pablo, o el Tesoro del Mérito en la Iglesia Católica.

            La segunda, y más cotidiana, versión de la meditación de la Bola de Mérito nos ayuda a abrirnos a los poderes de la gente a nuestro alrededor. Está en contraste directo con la noción patriarcal de poder, comúnmente aceptada, como algo de nuestra posesión personal, que se ejerce sobre los demás. Este ejercicio nos prepara a tener una atención expectante en nuestros encuentros con otros seres, para verlos con franqueza fresca y con curiosidad sobre cómo pueden aumentar nuestra Bola de Mérito. Podemos jugar este juego interior con alguien frente a nosotros en el autobús o del otro lado de la mesa de negociaciones. Es especialmente útil al tratar con una persona con quien tenemos conflictos.

            ¿Qué añade esta persona a mi Gran Bola de Mérito? ¿Qué regalos intelectuales pueden enriquecer nuestra provisión común? ¿Qué reservas de aguante tenaz puede ofrecer ella o él? ¿Qué vuelos de la imaginación o qué poderes de amor se esconden detrás de esos ojos? ¿Qué bondad o valor se ocultan en esos labios, qué poder curativo en esas manos?

            Luego, al igual que con el ejercicio de “respiración a través”, nos abrimos a la presencia de estas fuerzas, inhalando nuestra consciencia de ellas. A medida que aumenta nuestra consciencia, experimentamos nuestra gratitud hacia ellas y nuestra capacidad para compartir …

            A menudo dejamos que nuestra percepción de los poderes ajenos nos hagan sentir mal. Junto a un colega elocuente podemos sentirnos desarticulados; en la presencia de un atleta podemos sentirnos débiles y torpes; y llegamos a resentir a nosotros mismos y a la otra persona. Sin embargo, a la luz de la Gran Bola de Mérito, el talento y buena fortuna ajenos no aparecen como un desafío, sino como recursos que podemos aceptar y gozar. Podemos aprender a jugar al detective, buscando tesoros que mejoren la vida, aún en los materiales más improbables. Como el aire, el sol y el agua, ellos forman parte de nuestro bien común.

            Además de liberarnos de la parálisis mental de la envidia, este trabajo espiritual nos ofrece dos recompensas más. Una es el placer en nuestro propia agudeza, a medida que mejoramos nuestra habilidad de detectar el mérito. La segunda es la respuesta de los otros, que aunque ignoren el juego que practicamos, sienten algo en nuestra forma de ser que los invita a revelar más de la persona que pueden ser.


APRENDIENDO A VERSE UNOS A OTROS


Este ejercicio viene de la práctica budista de los Brahmaviharas, también conocidos como las Cuatro Moradas del Buda, que son el amor compasivo, la compasión, la alegría en la alegría ajena y la ecuanimidad. Adaptado para el uso en un contexto social, nos ayuda a ver a cada quien más correctamente y a experimentar las profundidades de nuestra interconexión.

            En los talleres lo ofrezco como una meditación guiada, con los participantes sentando en parejas, cara a cara. Al terminar, los invito a continuar usando el ejercicio, o la parte que más les guste, en sus vidas diarias. Es un antídoto excelente contra el aburrimiento, cuando nuestro mirada cae en otra persona, por ejemplo en el metro o esperando en la fila para pagar. Llena ese momento perdido con belleza y descubrimiento. También es útil al tratar con gente que pueden desagradarnos o que solemos ignorar; rompe nuestras formas habituales de mirarlas. Al usarla así, como una meditación–en–acción, por supuesto que uno no mira fijamente a los ojos del otro, como en el ejercicio dirigido. Una mirada casual es suficiente.

            La forma guiada de grupo va así:


Siéntense en parejas. Uno frente al otro. Permanezcan en silencio. Hagan un par de respiraciones profundas, centrándose en sí mismos y exhalando la tensión … Mírense a los ojos … Si sienten incomodidad o un deseo de reír o de apartar la mirada, simplemente noten esa turbación con paciencia y gentileza, y regresen cuando puedan, a los ojos de su compañero. Quizás nunca más vuelvas a ver a esta persona: tienes ahora la oportunidad de contemplar la unicidad de este ser humano en particular

            ……

            Mientras miras los ojos de esa persona, date cuenta de los poderes que están allí … Abre tu consciencia a los regalos y fuerzas y a las potencialidades en este ser … Tras esos ojos hay reservas ilimitadas de valor e inteligencia … de paciencia, aguante, ingenio y sabiduría … hay regalos allí, que incluso él o ella ignoran … Considera lo que estos poderes podrían hacer por la cicatrización de nuestro planeta, si se creyera en ellos y se actuara en consecuencia

            ……

            Mientras consideras esto, cae en cuenta de tu deseo de que esta persona esté libre de miedo … Experimenta cuánto quieres que este ser esté libre del miedo, libre de la avaricia, del odio y del dolor y de las causas de sufrimiento

            ……

            Reconoce lo que estás experimentando como el gran amor–compasivo

            ……

            Ahora, mientras observas los ojos de esa persona, permítete darte cuenta del dolor que está allí. Hay pesares acumulados en esa vida, como en todas las vidas humanas, aunque sólo puedas adivinarlos vagamente. Hay desilusiones y fracasos y pérdidas y soledad y abusos … hay heridas indecibles … Ábrete a ese dolor, a las heridas que tal vez esta persona nunca haya comunicado a otro ser

            ……

            Tu no puedes componer ese dolor, pero puedes estar con él. Mientras estás simplemente con ese sufrimiento, sabe que lo que experimentas es el gran amor–compasivo. Es muy bueno para la curación de nuestro mundo

            ……

            Mientras observas los ojos de esa persona, considera qué bueno sería trabajar juntos … en un proyecto común, hacia un objetivo común … Cómo podría ser tomar riesgos juntos … confabularse juntos con entusiasmo y humor … celebrando los éxitos, consolándose mutuamente en los contratiempos, perdonándose mutuamente los errores … y simplemente estando allí el uno para el otro

            ……

            Al abrirte a esa posibilidad, a lo que te abres es a un tesoro; al placer en los poderes de cada uno, la alegría en la alegría del otro

            ……

            Finalmente, deja que tu consciencia descienda como una piedra a las profundidades de tu ser, debajo del nivel de lo que se puede expresar con palabras, hasta la red profunda de relaciones que está por debajo de toda experiencia. Es la red de la vida de la cual has tomado tu ser y en la cual te apoyas, y la que nos entreteje a todos a través del espacio y el tiempo … Observa al ser frente a ti como uno que, en otro tiempo, en otro lugar, fue tu amante o tu enemigo, tu padre o tu hijo … Y ahora se reencuentran en este instante fugaz … Sabe que tu vida y su vida están tan complejamente entretejidas como las células nerviosas en la mente de un gran ser

            ……

            No puedes salirte de esa gran red; ninguna estupidez, o error, o cobardía, puede jamás separarte de esa red viva. Porque eso es lo que eres

            ……

            Reposa en ese conocimiento. Reposa en la Gran Paz … A partir de allí podemos actuar, podemos aventurarnos a todo … y podemos dejar que cada encuentro sea un regreso a nuestra verdadera naturaleza … Realmente es así

            ……


Al hacer este ejercicio nos damos cuenta de que no tenemos que ser particularmente nobles o santos para despertar nuestra conexión con otros seres. En nuestro tiempos, ese simple despertar es el regalo que nos hace la bomba atómica. Con todo su horror y estupidez, la bomba atómica, como las toxinas que desparramamos en nuestro mundo, es también la manifestación de una impresionante verdad espiritual – la verdad acerca del infierno que creamos para nosotros mismos cuando olvidamos cómo amar. Los santos, los místicos y los profetas de todos los tiempos vieron esa ley; ahora todos pueden verla y nadie puede escapar de sus consecuencias. De manera que ahora estamos atrapados en un lugar estrecho donde nos damos cuenta de que Moisés, Lao–Tzu, Buda, Jesús y nuestro propio corazón siempre tuvieron razón; y estamos tan asustados y desesperados como una rata arrinconada, y somos así de peligrosos: Pero, si lo dejamos, ese callejón sin salida puede convertirse en un canal uterino, presionándonos y empujándonos a través de la oscuridad del dolor, hasta que somos dados a la luz a … ¿dónde? Amor parece ser una palabra demasiado débil. Es, como dijo San Pablo, “la gloria que será revelada en nosotros”. Se agita dentro de nosotros en este mismo momento.

            Ya que el considerar a la bomba atómica (o los mares moribundos, o el aire envenenado) como una monstruosa injusticia hacia nosotros, sugeriría que nunca hemos tomado seriamente el mandato de amar. Quizás siempre pensamos que Gautama y Jesús bromeaban, o que sus enseñanzas eran sólo para los santos. Pero ahora vemos, en una revelación horrible, que todos somos llamados a ser santos –no necesariamente buenos, o piadosos, o devotos, sino santos en el sentido de simplemente amarnos unos a otros. Uno se pregunta qué terrores debe encerrar este conocimiento, ya que luchamos tanto contra él, y huimos de él con tanto dolor. ¿Será que la bomba atómica, con la cual podemos extinguir toda vida, nos puede decir eso? ¿Nos puede obligar a enfrentar los terrores del amor? ¿Puede ser la ocasión de nuestro nacimiento? En esta posibilidad nos armamos de valor. Aun en la confusión y el miedo, con todas nuestros cansancios y defectos mezquinos, podemos dejar que esa conciencia trabaje en y a través de nuestras vidas.

            Ejercicios sencillos como los que se ofrecen aquí nos pueden ayudar a hacerlo, nos ayudan a empezar a vernos a nosotros mismos y los demás con nuevos ojos. Permítaseme terminar con la misma sugerencia con que cierro nuestros talleres. Es una práctica que es corolario de la meditación anterior sobre la muerte, donde reconocemos que la persona con quien nos cruzamos puede morir en una guerra nuclear. Mira a la siguiente persona con que te cruces. Puede ser tu amante, un niño, un compañero de trabajado, el conductor del autobús, o tu propia cara en el espejo. Considéralo o considérala con el reconocimiento de que:


En esta persona hay regalos para la cicatrización de nuestro mundo. En él o ella hay poderes que pueden redundar en la alegría de todos los seres.

Generosidad

 

 

 

 

 

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